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Miércoles, 26 de abril de 2006
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EDICIÓN IMPRESA
GRANDES ALMACENES
Hacia lo irracional
Javier Pérez (Zamora, 1970) debuta en la literatura con La crin de Damocles (Premio Azorín 2006), novela que presentó ayer Luis Mateo Díez y con la que ha tratado de explicar “el paso de un pueblo hacia la irracionalidad”.


E l escritor zamorano sitúa su narración en los años 20-30 de la Alemania del siglo pasado. ¿Cuando empezó a fastidiarse todo en la próspera y culta Alemania del siglo XIX y primeros años del XX? Los historiadores le dan vueltas al asunto. Algunos son profundos y perceptivos. Pero seguro que se pierden muchos matices en los bucles de la intrahistoria.


E l proceso de una cierta (y frágil) sensatez hacia los terrenos de lo irracional no sabe uno nunca muy bien cuando y por qué comienza. El origen de ese terrible camino es a menudo como un grano de mostaza: primero se discute sobre palabras o definiciones, luego sobre conceptos y contenidos... y de pronto, ya no se discute, se dispara y se echa la culpa al otro.


E n España tenemos muchos ejemplos históricos de ese laberinto en espiral que acaba provocando miles de muertos.


U n lector me envía un correo sobre el brindis de Rosa Regás, directora de la Biblioteca Nacional, por la República: “En la II República, si la directora de la Biblioteca Nacional hubiese brindado en un acto público por la Monarquía, habría durado en el cargo 15 minutos”.


L uisa Castro (Lugo, 1966) presentó en Bogotá La segunda mujer , Premio Biblioteca Breve. Me recomiendan: “Lee esa novela, tiene mucho morbo, es un relato lúcido, cruel e insólito, basado en personajes reconocibles”. La leeré y comentaré.


R ay Bradbury (1921) afirmó ayer en Buenos Aires que la lectura “hay que practicarla cuando se es muy joven, aproximadamente a los cinco años”. El autor de Fahrenheit 451 dice que a esa edad “es el momento en que hay hambre por leer”.


L a lectura a los 5 años como placer intelectual, porque como aprendizaje, comienza antes. A los cuatro años, más o menos. La primera etapa de la vida es decisiva. La infancia es la verdadera patria. La patria más auténtica y profunda.


A prendí a jugar al ajedrez a los 14 años. A los 19 fui campeón de Valencia. Me pregunta un amigo: “¿Dónde hubieras llegado de haber aprendido a los 5 años?”. Seguramente a campeón de España y también al desastre absoluto. El ajedrez es muy hipnótico.



 

   
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